Cuando sonó el teléfono, Juan hacia poco que había terminado de comer y como hacía siempre se había quitado la camisa y ahora se encontraba tumbado en el sofá con su camiseta de tirantes metida en los baqueros con el cinturón y el botón desabrochado. Conforme se iba quedando durmiendo después de rascarse el bigote metió la mano por el pantalón dejándola por la zona púbica por así llamarla. Juan cada vez se estaba quedando más dormido (seguramente por la copa de whisky o cognac que se habrá tomado después de comer) pero cada vez que bostezaba y se volvía a despertar esos pocos segundos, hacía un movimiento prácticamente mecánico que consistía en mover la mano que había introducido en el pantalón rascándose y haciendo un sonido semejante al de cuando trabajas con el papel de lija; esto señoras y señores nos indica que no llevaba su zona púbica afeitada y seguramente sea eso lo que producía sus picores. No es por meterme en vuestros pensamientos pero sin haber nombrado ese aspecto seguramente os habéis imaginado a Juan con un tripa de dimensiones bastante grandes, bueno que me desvío del tema.
Ya podéis imaginaros esta situación tan atractiva así que ahora continuo con la historia.
Cuando sonó el teléfono fijo Juan observó que era un numeró de cuatro dígitos y con esto se escuchó ya una especie de gemido de repugnancia. Descolgó el teléfono y la conversación no duró mucho:
-Hola buenas tardes don Juan, llamo de pepito enterprises y me gustaría informarle de las nuevas ofertas que tenemos disponibles para usted-
-Oye señorita estas nos son horas de llamar la gente intenta dormir.
-Ya lo sé señor pero es por su bien, estas ofertas le permitirán...
-Que te he dicho que no me interesa- y colgó el teléfono.
Juan colgó el teléfono e intento continuar con la siesta pero este volvió a sonar y Juan repitió el gemido pero esta vez con más repugnancia. Cuando lo cogió vio que era su amigo y contestó:
-¡Juanito! ¿Te pillo en mal momento?
-No, no. ¡Que va!
-Oye que te llamaba para recordarte lo de la salida con los chicos este finde, ¿vienes no?
-Sí claro, allí estaré.
La conversación duró unos 5 minutos hasta que colgó y volvió a dormir, pero volvió a sonar el teléfono y Juan observó que era el número de 4 dígitos de antes.
-¿Si?
-Buenas tardes, siento interrumpirle otra vez.
-¡Que te he dicho que estas no son horas! La gente quiere dormir- dijo Juan cabreado y mal educadamente.
-Ya lo sé, esta vez no llamo para ofrecerle ninguna oferta, llamo para decirle que la próxima vez que diga que estas no son horas y que la gente intenta dormir me gustaría que pensará en la persona que está al otro lado del teléfono como yo, que en este momento me gustaría estar durmiendo como usted en vez de trabajando.
Juan colgó el teléfono ignorante, e intentando olvidarse de lo que acababa de pasar.
Sobre esta entrada me gustaría comentar primero que no tenga nada en contra de ningún Juan y que disculpen mi lenguaje en cierto modo escatológico, pero esta es la realidad y no pienso camuflarla para que parezca que en el mundo todo es perfecto.
Mitchell Martínez Woolhouse
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