El hijo, en cierta parte alucinando con la mentalidad y el fuerte estereotipo que puede llegar a tener una persona intentaba explicarle que que una persona tenga un pendiente no significa que tome drogas. El padre ya cuando no le quedaban recursos para discutir vio pasar a un chico joven que tendría unos 20 años, que llevaba una gorra encima de unas rastas largas que le llegaban hasta la espalda, una camiseta y pantalones de seda y un monopatín bajo el brazo. Los dos se fijaron en el cuando pasó y el padre con aire victorioso le dijo al hijo:
-¿Ves hijo? Seguro que ese chaval toma drogas, tu no quieres tener sus pintas.
Y mientras dijo esto vio pasar a un hombre trajeado con un maletín lo cual le alegró porque le sirvió de incluso más ayuda.
-¿Y ves? No me digas que no notas la diferencia. ¿No prefieres ser un hombre que vista bien con un traje al que la gente admirará o le llamará la atención antes que una persona a la que cuando la miren la gente piense "que gamberro" y le llamará la atención para mal?
Unos diez minutos después en la calle San Juan el "camello" que ya se estaba aburriendo vio pasar al mismo chaval joven de las rastas que habían visto el padre y su hijo y le llamó:
-Chst, amigo. ¿Estás interesado en algo de esto? Tengo prácticamente de todo.
-No tío, yo no me drogo, ni siquiera bebo.
-Allá tú.
El chaval joven siguió con su camino cuando el "camello" vio al mismo hombre trajeado y se alegró:
-¡Hombre Alejandro! ¿Lo de siempre no?
Mitchell Martínez Woolhouse.
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